Según lo que he entendido, las agencias de cooperación
internacional siempre están apoyando a instituciones del gobierno para hacer
acciones que contribuyan a generar cambios sociales. Un ejemplo se aprecia en
todas las actividades que se han desarrollado para alcanzar los objetivos del
milenio, objetivos que a la larga fueron “medidos” y “planteados” por las
Naciones Unidas, si mis conocimientos no me engañan. Pero no entraré en la discusión
sobre la definición, medición y “correctivos” que se han planteado con respecto
a la pobreza, porque la sola conceptualización de la pobreza es un tema
demasiado complejo y quisquilloso.
Bueno, pues el sitio donde trabajo se alinea a las
estrategias del gobierno. Eso qué implica? Que toca leer todas esas
resoluciones y decretos reglamentarios que explican cómo se hacen las cosas públicamente,
que antes de acercarse a las instituciones hay que investigar sobre su misión,
visión, objetivos y que si en alguna ocasión no quieren hacer algo que deberían,
toca citarles sus manuales para que vean que si hay que hacer las cosas de tal
modo. También se consideran los lineamientos nacionales y departamentales, si
uno trabaja en región, y hay que ayudarle a hacer al estado lo que este se ha
planteado hacer pero que en pocas ocasiones puede cumplir, no porque no se
pueda pues igual hay empleados para realizar estas actividades. Aún me queda la
duda si esto no se hace porque no se tiene un conocimiento profundo del asunto,
por pereza, o porque se sabe que las agencias de cooperación internacional
llegaran y harán el trabajo que toca hacer.
Hay varias cosas a considerar: Primero, al alinearse con el
gobierno se deben compartir formas de trabajar pero no se deben copiar ciertas dinámicas
y el “problema” que se percibe más frecuentemente es el del tráfico de influencias
sustentado en aquello de las “decisiones políticas”. No digo que las personas
que lleguen por recomendación de otras no tengan las capacidades para ejercer
la labor, pero es que en muchos casos las personas que son designadas tienen un
historial de testarudez que lo único que hace es impedir que se alcancen los
objetivos. Segundo, las instituciones, como las personas, tienen su ego. Si
existe alguna actividad que le interese y sobre la que muchas instituciones
deban trabajar es súper difícil ponerlas de acuerdo, sigo sin entender porque a
todo el mundo le gusta inventarse el agua tibia y hacer lo mismo pero cambiándole
el título, siendo que en el retomar de actividades previas y en el apoyarse en
los otros podrían obtenerse por lo menos más diversos resultados. Tercero, si
las instituciones no saben lo que quieren, cualquier actividad puede tener
resultados de “impacto”, y en este sentido si uno trata de alinearse y entender
a gente e instituciones que no tienen la cosa clara, pues uno termina en ese círculo
vicioso de plantear y plantear y redefinir la estrategia y cambiarla luego que
cambian los jefes o el presidente.
Eso de alinearse, no es tan fácil, y uno termina siendo como
algunos abogados, acomodando los términos de los textos a sus necesidades
personales o en este caso institucionales. Es cuestión de supervivencia.
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